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30 años son muchos o pocos en la vida de una persona dependiendo de como se mire. Para un ser humano saludable y afortunado, puede representar aproximadamente un tercio de su vida. Para nuestros padres

, era una edad donde se tenía por norma general la vida más o menos encarrilada. Para nosotros es más bien un momento en el que suficiente tenemos con esquivar el convoy que viene por dicho carril.

Antes o ahora, de todos modos, 30 años son muchos años. En 30 años de vida da tiempo a nacer, crecer, comer, enamorarse, reir, llorar, follar (lo que se pueda) conocer gente, perderla, mantenerla, acercarte, alejarte.

En mis 30 años he tenido de todo esto en mayor cantidad de la que apuntaba allá por el ecuador de esta etapa. De ningún modo pensaba que cuando esa tarde de Octubre busqué en google “Foro Baloncesto”, esa búsqueda iba a traer consigo todo lo que trajo después. Pero ese click me llevó a escribir estas líneas.

A decir verdad, o no sé, o no recuerdo como la persona que aquí nos ocupa llegó a ese rinconcito cibernético donde nos conocimos. Si sé que cuando nos pusimos cara y traspasamos la virtualidad eramos dos niños. Literalmente. Me cuesta imaginar como pude convencer a mi madre para que me dejara ir a la Copa de Sevilla con unos desconocidos en una furgoneta cuando contaba con 17 años y 9 meses. Pero lo conseguí, y allá me planté, y desde el primer momento fue muy evidente que conectamos. Lo conocí el mismo Jueves, pero el día que me di cuenta de que era una persona especial fue el domingo, comiendo con el y la gente de Valencia con la que iba. No hacían falta grandes dotes de observación para darse cuenta de que bondad, generosidad y simpatía eran tres adjetivos que le quedaban que ni pintados.

Escribo estas líneas el domingo 17 de Abril a las 17:04. Ayer fuimos al cine a ver una muy buena película y cenamos con su maravillosa novia Cristina. Luego había quedado así que fueron solo unas pocas horas, sin mayor novedad, un plan muy estándar. Pero esos adjetivos me siguen acudiendo a la cabeza cuando hablo con el.

Entre esos dos momentos han pasado 12 años y 2 meses, aproximadamente. 12 años son muchos años como para que otros adjetivos no se hayan unido a la fiesta. No todos buenos, por supuesto. Pero esos 146 meses hubieran sido 146 meses mucho peores si no hubiera tenido al negro acompañándome a través de sus más de 4000 días.

Y esos 4000 días son nuestros, y ahí estarán para siempre.

Un abrazo, te quiero.