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Berlín es una ciudad en la que viven alemanes, muy alemanes y mucho alemanes. Pero aprovecharemos esta entrada para dar algunas indicaciones sugerencias y consejos por si vuelves a viajar allí.

Es importante visitar unas paredes a medio hacer que tienen, a la que los alemanes llaman “muro”.


Se ve que es una ciudad muy nueva y que casi hicieron de 0, que solo quedó en pie la puerta de Brandenburgo. Es aconsejable intentar pillar alguno de esos tour que los peperos llamarían de cobro “en diferido”, o como “donaciones voluntarias”. Y si lo da una mujer que se llama Clara, más aún.


Tiene un parlamento brutal, con una cúpula transparente que te cagas. Eso sí, mucho cuidado. Hay que ser solidario y no dejar nunca nadie, jamás, solo en la cola del Parlamento. Hay especímenes revoloteando por ahí, que se hacen pasar por polacos (de los de verdad, pero sospecho que si dejas solo a un catalán en la cola el espécimen le soltará que es polaco para ganarse su confianza), que te quieren instruir en el mundo de la “patología” (o kazinskylogía), en las manera de robar la luna y en la homofobia.


Cuidado porqué el agua embotellada acostumbra a ser con gassssssss. (luego se quejan de los clichés).


Hablando de gas, a unos kilómetros de Berlín está el campo de Sachsenhaussen. Es importante ir allí sin hambre, puesto que a 5 minutos andando de la salida del campo de concentración te puedes encontrar un chinokebab (50% 50%. Almenos en 2008 estaba). Yo no me fiaría de la materia prima de los manjares que allí se ofrecen.

Es divertido hospedarse en un hostal con habitaciones compartidas con desconocidos. Es importante, cuando conozcas a un par de argentinas de larga melena, cerciorarse que no van acompañadas de maromo (también de larga melena). Aviso porque es muy decepcionante tener un ojo abierto a las 6 de la mañana, haciendo ver que estás dormido, mientras observas una melena acostada en una preciosa espalda desnuda, una espalda perfecta que brilla a la luz de la luna que se filtra por la ventana, y que te hace soñar en la parte de delante de esa espalda, y que cuando por fin la ves girarse, poco a poco, despacio, como miel que se te deshace en la boca... te das cuenta de que es la espalda del maromo melenudo que no tenías controlado. Así que ojo con confundir géneros de espaldas, puesto que los hombres también pueden llevar melena.

Es importante tener amigos que te falsifiquen un papel conforme eres estudiante de una universidad pública, en la que estudias Telekommunikations. Te sirve para tener los billetes de tren gratis y poder ir a Hamburgo.


Otros apuntes:

+ En alemán, coche no es ruuuuum ruuuuum

+ Ocho cervezas alemanas no son 8 cervezas españolas. Son sensiblemente más grandes. Preguntáselo a Xavi , te dará más indicaciones.

+ Si quieres asustar a un alemán, asegurate que veranea en Lloret de Mar y dile que Lloret de Mar es un sitio “very homosexual place”. Si se lo dices con la chorra en la mano ganas efectividad.

+ Llevate hielos de casa. El Ron caliente es asqueroso.

+ Allí en las casas okupas no entran los mossos para sacarte de hostias. Estan dentro como uno más de hecho.

+ Pide Cruzcampo en las cervecerías aunque allí sea más cara que las Paulaners.


Cuando vuelvas a viajar a Berlin, nada más volver a casa apuntate qué has hecho y qué has visto. Si te pasa como a Xavi y a Jose en 2008, será un gran viaje y con los años te dará mucha rabia no acordarte bien de qué hiciste.

De todas maneras, como parte uno de los tres que fuimos, te diré que le tengo un cariño enorme a ese viaje. Berlín como ciudad me encantó, y era de esas épocas que los tres coincidíamos poco, pero eso hacía que, las pocas veces al año que podíamos vernos, fueran jodida y espectacularmente especiales.

Y en realidad, una de las cosas más bonitas de la vida es ver que uno y sus amigos evolucionan y progresan. Creo que una vez lo hablamos, que Berlín y Bilbao (2010, aunque aquí linkeo el 2015) marcaron un poco un paso adelante, el ver que te haces mayor, que puedes moverte por el mundo sin ningún problema, disfrutando de cada rincón del mundo, con esa inquietud, esa mezcla entre ganas de hacer el cabra y ganas de aprender y de empaparte de las sensaciones que te produce una ciudad nueva, un terreno no explorado hasta la fecha.

A parte, me gustó ver el minimundo, esa burbuja erasmus, en la que viviste ese año.


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