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El inicioEditar

Creo que el momento en el que coincidimos los tres en Alcolea, no era para ninguno de los tres nuestro mejor momento. Ni mucho menos.

Nos pilló a contrapié. En el sentido que con 24-25 nos creíamos que lo sabíamos todo, que sabíamos y habíamos aprendido a gestionar sin sobresaltos las situaciones críticas que la vida plantea, que teníamos el camino aplanado pa'lante. Y para nada... y eso creo que a los tres nos costó de encajar.

Ese momento en el que ya llevas un par, o tres o más años trabajando, y te das cuenta que tu vida hasta ahora ha sido muy líquida, cambiando constantemente, con el broche de la universidad, que aportaba gente y experiencias nuevas día sí y otro también. Laboralmente, a parte de estar en momentos delicados (puta crisis), era la época de encajar tanto tú como yo en sitios nuevos.

Estábamos adaptándonos a una sensación un poco de que lo que entonces venía eran más responsabilidades y menos diversión. Al principio te gusta, porque te sientes mayor. Independiente. Pero poco a poco vas echando de menos otras épocas.

Asumirlo a mi me costó, y creo que a vosotros dos también, además de que ese noviembre de 2012, los tres, por distintos motivos personales, estábamos un poco o muy tocados.

La vida en AlcoleaEditar

Empezamos a convivir con ganas de hacer mil cosas, que si reservamos una parte del salón para colgar “El meme del mes” (lo teníamos escogido y todo el primero, abajo lo adjunto), que si dedicaríamos un día a la semana a ver una serie (Homeland no nos terminó de gustar) o una peli (Starbuck se paso meses en el disco duro), que si probaríamos de cocinar mil platos diferentes y cada semana le tocaría a uno...eso y mil cosas más... que al final no hicimos.

Pero qué decirte. Para mí fue una gran época. Ya he dicho que personalmente pasaba un momento de “recolocación” personal, y le guardo a esos mesos viviendo juntos en Alcolea el cariño de esas épocas de crecimiento personal.

Mira que después he tenido una suerte enorme con los compañeros de piso que he tenido. Pero hay una cosa que creo que aunque comparta piso con 1000 personas más no podré igualar. Esos momentos en el salón. Esa comodidad infinita, que aunque te lleves muy bien con la gente con la que vives, solo consigues con la familia, con carcajadas cada dos por tres.

Suena raro, pero le tengo especial cariño a la tarde en la que nos entraron a robar. Recuerdo esa llamada de Jose . Recuerdo esos momentos en la comisaria. Recuerdo el recuento de lo que nos habían robado. A eso evidentemente no le tengo cariño. Pero sí a ese momento en el que llegamos a casa, y nos decimos los tres “pues que se le va a hacer”, y nos pusimos a jugar a cartas mientras tomábamos birras, buscando el lado bueno de las cosas, riéndonos, teorizando sobre el nivel de alfabetismo de los ladrones al darnos cuenta de que no cogieron un sobre en el que ponía “Beneficios Erik”.

Para ser justos, y que no quede como que aguantamos estoicamente el golpe, recuerdo también que los lloros llegaron dos días después, al darnos cuenta que nos robaron el carrito de la compra. Fue como la gota que colmó el vaso.

Recuerdo los momentos de silencio repentino en el comedor, porqué picaba el timbre el revisor del gas. Y los tres sabíamos que esa instalación no aguantaba una revisión seria. Y pa lo que nos quedaba en ese piso y tal y cómo nos trataba la Agencia sabíamos que nos cerrarían el gas, y que probablemente nos harían pagar la instalación nueva o parte de ella.

Y recuerdo las diferentes formas de como cada uno teníamos grabado en la agenda al revisor “El del gas”, “No coger”.

Y ese sofá cama qué? Eh? Qué siestas nos pegamos en ese sofácama de Alcolea. El primero que llegaba a casa se agenciaba ese sofá. Y esa cocina, tan pequeña que no cabían ni dos ecuatorianos.

Ese Borussia-Málaga, esos días en los que acogimos a Copete, primero para la primera edición de la SuperBowl tróspida (y bien tróspida que fue aquella!), y luego para le Mundial de Natación, esa cena de despedida.

Resumiendo, el artículo pintaba mal cuando lo he empezado, pero espero que al avanzar en su lectura hayas recordado algunos de los mil y un pequeños detalles que vivimos allí. Gran época, a la que con el paso del tiempo cada vez voy valorando más y más.



Ralph